El ratio de órdenes por operación compara el número de mensajes de orden que envía un participante —órdenes nuevas, modificaciones, cancelaciones— con el número de los que acaban en una operación real. Es una medida supervisora: las normas europeas exigen que los centros de negociación lo vigilen y dispongan de mecanismos que desincentiven el tráfico de mensajes que carga los sistemas sin aportar nada a la negociación.
Los operadores minoristas quedan muy lejos de los umbrales aplicables, pensados para estrategias automáticas que envían volúmenes muy altos de mensajes. Aun así el concepto explica cosas que sí encuentran. Es una de las razones por las que centros y brókeres publican límites de mensajería en sus condiciones, por las que algunas cuentas limitan el número de órdenes pendientes o la frecuencia con que pueden modificarse, y por las que un algoritmo que recoloca sin cesar órdenes no ejecutadas puede atraer atención o cargos aunque negocie poco.
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